Ahora en serio: ¿El tiempo no para? Y si no para, ¿Pasa a una velocidad constante? Al fin y al cabo, si a la tierra se le ocurre caerse más rápido alrededor del sol o agarrar más envión sobre sí misma van a salir a decir que se rompieron todos los relojes. O que no servían. Las goteras no mantienen un pulso, mi corazón tampoco. ¿Qué es más verdadero: La percepción que me hacía decir que el tiempo al lado de Ella pasaba más lento o el frío y fascista segundero? Hace cinco años esas dudas me atormentaban por la sencilla razón de que se me imponía desde una banda comprarme un metrónomo. Ese aparatito maldito que salía ochenta mangos y sólo hacía click-click.
Pasó el tiempo y me convencí de que no sólo había pasado, sino que a una velocidad constante. Pero entendí que decirlo era lo mismo que decir que Capitán Bermúdez, desde cuando ni siquiera se llamaba así, en 1908, estaba a 450 km. de La Falda. Hace cien años, sin embargo, estaba más lejos. Un año es un año, pero ahora un año es mucho más tiempo que antes.
Estamos en muchos lugares al mismo tiempo, con lo cual nuestro tiempo se duplica, triplica; nuestro tiempo elevado a la enésima al punto de que ocupar un sólo espacio nos hace sentir la tortuga manuelita. Estoy dandole forma a un par de pensamientos, así que busco por ahí cosas que me agreguen matices.
Entonces aprendí una palabra nueva: Multitasking. ¿Qué es? Mañana sigo contando un par de experimentos que me mandé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deposite aquí su murmullo. Muchas gracias.